Todos los hogares se ven afectados en algún momento de su historia por situaciones o circunstancias que generan cambios en su funcionamiento y en su estructura. Algunas son situaciones transitorias de la vida como el momento del matrimonio, el nacimiento de un hijo o la jubilación, que dan lugar a las llamadas crisis del ciclo normal; otros son eventos inesperados como es el caso del divorcio, una enfermedad grave, el fallecimiento de un miembro de la familia, una quiebra económica, la pérdida del empleo o tener problemas legales, que también entran en algún momento a hacer parte de la vida familiar.

Decir que la aparición de estas problemáticas es normal parece posible de comprender, pero al momento de vivirlas, resulta más complicado, ya que tanto los cambios, como los eventos circunstanciales ponen a prueba nuestra capacidad de resistencia y nuestra fuerza de voluntad para afrontarlos. Estos se configuran como una crisis, que genera estrés, dudas, desorganización y muchas inquietudes. Hacen que nuestra vida cambie de manera gradual o de repente dependiendo de las circunstancias de cada caso.

En general, implican un conflicto y obligan a tomar decisiones, que no siempre son fáciles. En ocasiones las crisis generan una pérdida de la tranquilidad, la salud o el bienestar dependiendo de la magnitud y duración e incluso pueden llegar a ponernos en una situación de parálisis frente a un evento nuevo que no se resuelve con los recursos que siempre utilizamos.

Una mirada diferente

Los nuevos enfoques de la psicología nos muestran que es posible hacer una reflexión constructiva de las dificultades y lograr que estas sean oportunidades para aprender y crecer en familia. Múltiples investigaciones confirman que a pesar de lo inevitables que resultan los problemas en la familia lo que si podemos elegir es la manera como los enfrentamos, los recursos que usamos o el enfoque con el cual valoramos lo que pasa. Todas estas acciones realizadas de manera consciente, inteligente y sensible, nos permitirán recobrar la estabilidad y el equilibrio personal y familiar.

La fuerza de la unión

Cuando se presentan las dificultades la familia tiene el reto de actuar como un equipo. Todos pueden aportar y la contribución de cada uno, por pequeña que sea, ayudará a salir adelante y avanzar en la solución. Cada uno lo hará de manera diferente en un momento distinto. Esto incluye a los niños. Este es un aprendizaje continuo, que va mostrando que la vida no termina en los problemas, es algo que vamos comprendiendo con el afecto, el apoyo y el cuidado mutuo. La familia cuenta con una caja de herramientas para enfrentar las dificultades, pero hay que trabajar duro para aprender formas más asertivas de enfrentar las adversidades y ponerlas a funcionar de manera eficaz.

La fortaleza de la familia también consiste en entender que el impacto emocional que producen es diferente para cada uno de sus miembros. No todos asumirán o comprenderán el cambio al mismo tiempo ni de la misma forma. Algunos se bloquean, otros quieren hacerlo todo, unos parece que no les importara porque no actúan o se quedan callados. Sin embargo, todos cuentan con algún recurso que puede resultar fundamental para la familia. Por esto es importante respetar los tiempos de comprensión, la expresión y en general, la forma como lo vive cada uno de los integrantes de la familia.

El proceso natural

La aparición de las crisis, las dificultades y los problemas se dan en un proceso que es distinto en cada circunstancia pero que es importante aceptar y dejar ocurrir. Tiene unas etapas que hay que vivir. Por ejemplo, cuando fallece un ser querido. Al comienzo es una especie de shock, nadie quisiera que esto pasara y poco a poco se va aceptando esta realidad, aunque resulte dolorosa. Es esencial estimular la flexibilidad para aceptar la situación de la manera más tranquila posible y cambiar lo que es susceptible de cambio.

También es sano comprender que las emociones hacen parte de este proceso y que se expresan de diversas maneras. La mejor intervención es permitirse sentirlas, hacerlas conscientes y empezar a modularlas, para evitar las escaladas de agresividad, de apatía o indiferencia, que acrecientan las crisis. Tomarse el tiempo y tener la disponibilidad de escuchar al otro.

Finalmente, enfrentar con éxito las dificultades requiere acudir a la apertura y a la creatividad para usar los recursos de que se dispone, identificar las experiencias pasadas que han sido exitosas y crear nuevas y versátiles maneras para superar la situación.

El poder de la resiliencia

Una gran herramienta de cara a la adversidad es la resiliencia, esa capacidad para construir en las dificultades y proyectarse al futuro; generando nuevos aprendizajes que nos permitan salir fortalecidos de las crisis. Es hacer el esfuerzo de encontrar la parte positiva de todas aquellas

situaciones difíciles, desestabilizadoras e incluso traumáticas y tratar de verlas desde otros ángulos. Es ver el vaso medio lleno y no medio vacío y aprender de lo que nos sucede para regresar a la normalidad con más confianza en nosotros mismos y mayor capacidad para afrontar una situación similar.

Publicado en el diario El Tiempo, Octubre 28 de 2015 por MARIA ELENA LOPEZ