ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE LOS NIÑOS(AS) CANDIDATOS A COLOCACIÓN FAMILIAR.

  1. Todos nuestros “chiquiticos” son niños (as) con necesidades especiales; por el hecho de no haber crecido y ni ser protegidos por sus padres biológicos. Así, los niños desarrollan capacidades diferentes a los niños que han nacido, crecido y fueron protegidos por su familia biológica desde el nacimiento.Los niños que han vivido en una Entidad de Atención, pueden ser excelentes en motricidad gruesa y sin embargo, con dificultades en el lenguaje expresivo. Pueden ser maravillosos bailarines y pésimos lectores, o viceversa. Lo que si sabemos, es que al compararlos con los hijos de su hermana o de su mejor amiga, estarán en desventajas en muchas áreas y aventajados en muchas otras.
  2. Nuestros niños como cualquier otro, no tienen “garantía” de salud, conducta, hábitos, intereses, gustos, etc… Ni el mejor de los especialistas (pediatra, neurólogo, psicólogo, etc) puede hacer un pronóstico a largo plazo del adulto en que se convertirá ese “chiquitico”. Pero sí sabemos que la crianza y los valores que le inculquen, el amor, el autoestima y auto-imagen que construya; serán determinantes, para que sea el adulto que será.
  3. Nuestros “chiquiticos” podrán mostrar rechazo a las figuras femeninas o masculinas; independientemente de que estas se esfuercen por agradarles. Sabemos que algunos “chiquiticos” han tenido experiencias poco enriquecedoras en la relación con figuras de un determinado género; por lo que depende del adulto cambiar la percepción que el niño tenga de ellos. A una frase del niño como: “no te quiero, tu eres malo”. La respuesta que él necesita oír es: “que lastima, porque yo a ti, sí te quiero mucho”.
  4. Siguiendo el punto anterior, el mensaje más importante que el “chiquitico” debe recibir en su nuevo hogar, es que el amor de sus padres es incondicional. El lo probará de diferentes maneras. Con pataletas, insultos, sueño excesivo o falta del mismo, negativa para comer o exigencia continua de alimentación, rechazo al baño o salir de él, etc… Sabemos que el “chiquitico” cuando pone en práctica estas conductas, no lo hace por otra razón que la de tener terror, miedo de perder la familia que acaba de conseguir. No es una provocación, cuya intención es herir al padre, sino una forma de asegurarse que pase lo que pase, él seguirá siendo un amado miembro de ésta familia. ¡Este es el mayor reto, pues en los primeros meses las estabilidad es muy frágil y cualquier cambio puede producir una tendencia regresiva!.
  1. Las familias sustitutas,por su inmenso deseo de tener un niño(a),tienden a intentar sobrecompensarlo (a). Darle en exceso todo lo que ellos consideran que no había recibido hasta ese momento. ¡Bienvenidas las demostraciones de afecto y acompañamiento! Pero sabemos que nuestros “chiquiticos” necesitan normas y reglas claras para desarrollarse como adultos sanos…¡Que los abuelos los consientan; pero que los padres los amen con disciplina!
  2. Cuando el niño ingresa a su nuevo hogar, cambia de alimentación, de ropa, de hábitos de higiene, de sueño, de pediatra, de colegio, de cama, de amigos, de juguetes, de compañía, de espacio físico y emocional, de tipo de atención y exigencias e inclusive, en muchos casos, de nombre y/o sobrenombre. No le pidamos que se adapte a este fabuloso entorno de manera instantánea, pues por más maravilloso que sea, es nuevo, desconocido, intimidante y extraño para el “chiquitico”. Sabemos que cada “chiquitico” tiene su propio ritmo de adaptación. Habrá niños que en las primeras semanas estén totalmente asimilados a la familia y habrá otros que necesitarán 3 meses o más. Otros se mostraran aparentemente adaptados desde el primer día, luego de un mes comenzarán su verdadero proceso de adaptación. ¡Ninguno se saltará esta etapa!.
  3. Es frecuente que los padres se preocupen porque el “chiquitico” hace alusión a su vida anterior; bien sea en la entidad o de su familia biológica. Sabemos que a veces cuentan historias vividas; pero la mayoría son fantasiosas, tanto de una familia ejemplar como de una totalmente disfuncional, que no se ajusta a su realidad. Es común que los “chiquiticos” abran el baúl del recuerdo antes de cerrarlo definitivamente. Ellos saben que lo van a olvidar. Su nueva familia debe prestarle atención, mas no convertir estas historias en el centro de la atención, haciendo más preguntas o pidiéndole que se lo cuente a otro familiar. El niño debe saber que es oído, que el adulto le interesa escuchar sobre su pasado, real o fantasioso, pero que no se engancha en él.
  4. Igualmente el niño podrá mostrar rechazo a asistir al seguimiento en la Entidad. Sabemos que a veces temen ser dejados nuevamente en ella, o revivir sus experiencias. Lo más importante es que el padre le anticipe la visita y le explique su motivo y duración. Sabemos que el niño tiene que aprender a confiar en la palabra de su nueva familia.

9. Sin embargo, a veces ocurre lo contrario a lo expuesto en el punto anterior. El niño no desea irse de la Entidad. Sabemos que es un área de confort, donde recibió la primera sensación de seguridad y protección, donde se sintió atendido y querido. Esta lealtad no debe ser penalizada, es sólo cuestión de tiempo. Quedarse jugando con quienes fueron sus amiguitos, con sus cuidadoras, en un espacio muy familiar para él, no debe ser motivo de preocupación y duda sobre como ha ejecutado su rol la nueva familia.

10.El inicio de la escolaridad es un paso muy importante para los “chiquiticos”. Puede movilizarlo emocionalmente por el parecido que tiene con su período de institucionalización. Sabemos que si su incorporación al preescolar se hace paulatinamente, con acompañamiento e información veraz; el “chiquitico” prontamente se adaptará. Es importante que sea recogido del colegio entre los primeros niños, pues se podría angustiar al ver que unos se están yendo a su casa y él no. ¡Puntualidad inglesa… por favor!

11.Algunos padres se preguntan si deben informar en el colegio que el niño vive con una familia sustituta. Sabemos que hay educadores de preescolar muy profesionales y éticos; y otros con manejo inadecuado de la información. Por ello recomendamos que esta información se mantenga confidencial a menos que exista algún motivo para divulgarla. Nuestro “chiquitico” necesita ser tratado y sentirse igual a todos sus compañeritos.

12.De acuerdo a lo planteado en el punto 6, todos los cambios a que es sometido el “chiquitico” pueden tener su contraparte en la somatización de síntomas. Sabemos que hay padres que han pasado más tiempo en el doctor, que en la casa; especialmente los tres primeros meses. Parece que se sale de un diagnóstico para entrar en otro: de otitis a reflujo gástrico, de sinusitis a conjuntivitis, de dermatitis a… y así sucesivamente. Esto no es una exageración. Los padres deben saber que invertirán un buen tiempo en consultas médicas; además de todas las recomendaciones y consejos que informalmente les harán, amigos, familiares e inclusive el panadero (jarabe de sábila, etc.).

13. Sabemos que nuestros “chiquiticos” son el reflejo de nuestra raza mestiza; en su mayoría morenitos con ojos café, cabello castaño, con la gracia y el sabor criollo; con mucho ritmo y picardía. En su mayoría superan los 2 años de edad.

14. La familia acogedora puede sentirse culpable al descubrir sentimientos de extrañeza e inclusive de rechazo hacia el niño (a), al evidenciar rasgos físicos, de personalidad o comportamiento que no les agradan. Sabemos que es normal que esto ocurra tanto en la familia consanguínea como en la sustituta y que tiene que ver con los sentimientos ambivalentes de cualquier relación; por lo que reconocer las diferencias individuales y aceptarlas permite actuar de modo saludable y modificar comportamientos no deseables (que por lo general no guardan relación con la herencia).

15. Sabemos que nuestros “chiquiticos” no van a resolver problemas de pareja o familiares, al igual que ustedes no podrán resolver que el “chiquitico” haya sido un niño especial, por el hecho de no haberse criado con su familia de origen.

16. Sabemos que nuestros chiquiticos son alegres, solidarios, se van con todo el mundo, son curiosos y sobre todo saben lo que quieren y lo piden. Lo que no significa que ustedes como padres de acogida deban complacerlos en todo.

“Ser familia sustituta es una elección que implica: comprensión, dedicación, paciencia, tolerancia a la frustración, motivación clara y persistente, responsabilidad… y sobretodo mucho, mucho amor y un mundo de sonrisas.”