
Las obras que aquí se presentan son el resultado de un recorrido colectivo en torno a la violencia invisible: esas formas de agresión que se esconden en lo cotidiano, que se normalizan y que, muchas veces, no se nombran.
Cada creación es más que un dibujo: es la huella de una experiencia corporal y emocional. Las participantes comenzaron identificando cómo la violencia se siente en el cuerpo, dándole forma y color. Luego, en un gesto de liberación, rompieron esas imágenes, simbolizando la posibilidad de soltar lo que duele.
Posteriormente, reconstruyeron sus piezas inspiradas en la técnica japonesa del kintsugi, pintando las grietas con dorado para resignificar las rupturas como fuente de belleza y fortaleza. Finalmente, añadieron una capa de celofán de color, que representa la transformación: las heridas no desaparecen, pero con el tiempo y los propios recursos, dejan de doler y se convierten en parte de la resiliencia personal.
Estas obras son, por tanto, testimonios visuales de un proceso de conciencia y reconstrucción. Cada fragmento, cada color y cada capa hablan de cómo, incluso en medio de la violencia invisible, es posible encontrar comunidad y fuerza.

Carmen Colina

Ficha técnica
Título: Ingenuidad
Artista: Delia Collages
Año: 2022
Técnica: Collage digital realizado con Photoshop
Dimensiones: 30 x 60 cm con marco

Ficha técnica
Título: "Lo que no se ve"
Artista: Manuel Alvarez.
Formato: Video digital HD
Duración: 1:29

Ficha técnica
Título: ¿Por qué?
Artista: Fabian Escobar
Formato: Monólogo
Duración: 1:53

Ficha técnica
Título: Niña Pume
Fotógrafa: Carolina Riobueno
Descripción:
Realidades que no pueden ser calladas

Ficha técnica
Nicho 1
Artista: Sofía Páez-Pumar
Año: 2025
Técnica: Escultura en papel de seda sobre madera e Instalación.
Dimensiones: 1,37 m X 76 cm
Descripción:
Es una obra instalativa la cual busca exponer el matrimonio infantil y las uniones
estables de hecho, como causa de la muerte de la infancia en niñas y jóvenes venezolanas.
En Venezuela, esta problemática es un fenómeno normalizado y cotidiano; la falta de datos
oficiales sobre el matrimonio infantil y uniones tempranas en el país, es una sombra que
oculta una realidad alarmante. A pesar de ser una situación recurrente en Venezuela, esta
problemática permanece invisibilizada, impidiendo que se tomen medidas efectivas para
proteger los derechos de las niñas y adolescentes.
La obra, no remite a un cementerio en el sentido literal, sino a un espacio donde reposa algo que ha sido enterrado, olvidado, desplazado del mundo de los vivos y de lo visible.
Esta obra se construye sobre una metáfora dolorosa y precisa: las estanterías donde se acumulan carpetas con casos de matrimonios infantiles y uniones estables de hecho funcionan como nichos fúnebres.
En lugar de contener cuerpos, albergan historias silenciadas. Vidas que no murieron en sentido físico, pero que fueron interrumpidas, truncadas, despojadas de infancia, de voz y de justicia. Este primer nicho abre la puerta a muchos más. Es una invitación a mirar lo que
ha sido ocultado, a recordar lo que ha sido condenado al olvido. A reconocer que el acto de archivar, cuando no va acompañado de justicia, puede ser también un acto de entierro simbólico.
A partir de experiencias personales, investigación y recopilación de casos de niñas y jóvenes que han sido víctimas de esta práctica, Nicho 1 busca hacer homenaje a todas la jóvenes que, a través de estas uniones, son obligadas a renunciar a su infancia y a sus
derechos fundamentales.
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